La ciudad y las Pandemias: ¿Qué podemos esperar?


Por: Juan Antonio Martínez Tapia.

Un futuro sin fricciones.

Ante la noticia del plan de reapertura económica, su semáforo y las medidas que han de tomarse al respecto, se ve en el horizonte el advenimiento de una nueva realidad para el comercio y la vida en las ciudades del país, sobre todo para aquellas que han sido más azotadas por la pandemia de Covid-19. Tal es el caso de la ZMVM, que dentro concentra una totalidad de 218 centros comerciales[1], que hoy permanecen cerrados casi en su totalidad o con funciones disminuidas y que se encuentran a la espera de “volver”, un sentimiento que seguro comparten con usuarios habituales, que hoy quisieran volver a una sala de cine, a visitar una tienda, comer en un restaurante o simplemente a recorrer las calles y comercios como antes. Conductas que ya se han visto en otros países que comienzan a vivir la situación del “volver”, pues, aunque pudiera parecernos algo muy banal ir a la estética o comprar ropa, cada vez desde el encierro esos rituales nos evocan una rara nostalgia.



Hasta antes de la llegada del CV-19, por lo menos desde 2017, se mantenía también un debate acerca del futuro de los centros comerciales. Ante el incremento del comercio electrónico, vimos en redes (y en diarios impresos también) notas acerca de centros comerciales que cerraban, pero al mismo tiempo vimos el incremento de una nueva tipología de centro comercial enfocada al entretenimiento en masa. No estábamos ante la muerte del comercio presencial, estábamos en cambio, presenciando el paradigma de los centros comerciales como HUBS para la socialización y entretenimiento, donde el modelo de Mall evolucionó.

En consecuencia, varios retailers comenzaron a integrar zonas de delivery a sus prototipos y agrandar sus espacios de atención a clientes. Asimismo, los centros comerciales comenzaron a interiorizar la vida de los grandes paseos urbanos o la vida de la calle para llevarla dentro de sí. Se estaba gestando un cambio de dirección, acerca de un futuro sin fricciones, pero unos años después, lo inesperado, un virus proveniente de algún lugar remoto obliga a repensar ese continuo. Hoy se habla de cambiar espacios y prácticas de consumo para evitar contagios, readaptar, adecuar, garantizar… hoy el paradigma parece llamarse Covid Free.

Pero me pregunto: ¿qué tan inesperado era este escenario? y pensando en los cambios que se esperan: ¿Cuántos de estos cambios serán permanentes? Y ¿Cuánto tiempo nos durará la necesidad de dichos cambios, si como ahora sabemos con el paso del tiempo nos haremos inmunes? Hoy es común que hablemos del coronavirus como si fuese un hecho inédito. Pero ¿no será más bien que nuestras actuales generaciones olvidaron que la historia de nuestras sociedades siempre a caminado de la mano de pandemias emergentes y cuarentenas cíclicas?

Es verdad, hace años que no nos tocaba vivir una pandemia de estas dimensiones, en gran medida gracias a los grandes descubrimientos médicos que lo han evitado, pero es seguro, así como llegó este virus llegarán otros y olvidar ese detalle, confiarnos, sería como vivir sin la conciencia ni la prevención que merece lo que en la historia ha pasado ya en muchas ocasiones.

Pestes, encierros y soluciones.


Desde la antigüedad, cada gran epidemia dejó una huella en las subsecuentes practicas culturales que les sobrevivían y esas prácticas se fueron plasmando como conclusiones y adecuaciones en los muros y las calles de las ciudades, dando forma a espacios concretos, modificando otros, derribándolos o sepultándolos. Así mismo, las epidemias siempre estuvieron de la mano de concentraciones poblacionales, pero especialmente, han estado de la mano del crecimiento y globalización del comercio en sus distintas etapas históricas.

Por citar algunos ejemplos: la peste negra en el siglo XIV, que fue un gran catalizador del cambio social y la crisis de la alta edad media, permitió el surgimiento de la naciente economía burguesa. Sus efectos, dieron a esa sociedad una nueva forma de entender el mundo que después florecería durante el periodo que conocemos como el renacimiento, la arquitectura entonces vio diferentes cambios en sus formas, sobretodo en la expresión del realismo gótico, pero quizá una de las adecuaciones más importantes para el comercio y las ciudades de esa época fue la planeación de los lazaretos[2]; espacios aislados de la ciudad con los que se buscaba controlar y retrasar mediante cuarentena, el ingreso de mercancías y personas provenientes de lugares remotos que eran sospechosos de portar alguna enfermedad infecciosa.

Varios años después, a finales del siglo XV y principios del XVI, con la expansión del imperio español y la oleada globalizadora que trajo consigo, hicieron aparición diferentes epidemias, en este caso se puede hablar de la viruela, la malaria y el paludismo, también el cólera. La viruela, es especialmente importante ya que tuvo un efecto devastador durante la invasión de América. Durante este periodo, la salud pública y el saneamiento urbano comenzó a hacerse un tema que cada vez mas preocupaba a los gobernantes a sabiendas que las epidemias diezmaban a la población y afectaban el comercio. Así, desde las ordenanzas de Felipe II y hasta las llamadas reformas Borbónicas, se buscaba propiciar no sólo cambios de conducta en espacios públicos sino todo un nuevo paradigma de crear y habitar las ciudades. 

Es en el periodo antes mencionado donde la ciudad medieval con su traza de plato roto dio paso a los trazados tipo damero o hipodámicos, que son característicos de las ciudades virreinales; calles amplias y rectas con cruces a 90º que buscaban permitir la circulación del aire que entonces, se creía transmitía las enfermedades. Del mismo, modo comenzaron grandes obras urbanas como el empedrado de calles para evitar estancamientos de agua, así como la creación de diversas redes de drenaje o construcción de acueductos que separaban el agua potable de las aguas negras.  En consecuencia, se prohibieron también diferentes costumbres urbanas, como la de arrojar heces y desperdicios en las calles. 

Fue a principios del Siglo XVIII que Lady Montagne introdujo la técnica de la variolización[3] en Europa y a finales de siglo, Edward Jenner que estudió la viruela bovina, desarrolló el principio de lo que serían después las vacunas. Sin embargo, aun se desconocía cual era la causa detrás de las enfermedades. 


Representación de una epidemia de cólera del siglo XIX donde se ilustra la propagación de la enfermedad en forma de aire venenoso.
En el siglo XIX comenzaron a derribarse las murallas medievales y por fin se descubrió que el vector de la peste bubónica no era tanto el aire miasmático sino las ratas y no sólo las ratas, sino sus pulgas. Sin embargo, la teoría miasmática[4], aunque en cierto modo errada, tuvo un impacto positivo en la salud de las ciudades, pero es hasta finales de este siglo que los males silenciosos comenzaban a ser visibles, por primera vez se estudiaron entidades microscópicas, ahí estaban las bacterias, pero más al fondo había algo mas: los virus.

En 1918 hace poco más de cien años, justo a finales de la primera guerra mundial llego la influenza HN1N1, ¿les suena?, se la llamaba gripe española, hay una anécdota interesante: Como siempre han existido rumores y noticias falsas, en aquella época entre los muchos decires, se creía que se podía eliminar los gérmenes fumando y tomando bebidas alcohólicas (que conveniente) y eso fue lo que hizo Charles-Édouard Jeanneret-Gris, cuando se puso en cuarentena en aquella época, un par de años después, ese joven arquitecto que acuñaría el seudónimo de Le Corbusier, revolucionaría de nuevo el modo de entender las ciudades. En su arquitectura había una concepción de orden, escala y dimensiones revolucionarias en su época y dicha visión estaba atravesada también por la preocupación de la higiene, la ventilación y el asoleamiento, que se vieron reflejados en documentos como la carta de Atenas publicada en 1942. 

Somos afortunados…


Hoy ante la llegada de la pandemia de coronavirus, creo que somos un poco más afortunados que en el pasado. Covid-19 no es un virus tan grave y no lo digo tratando de demeritar los muertos diarios, por que cada persona (número) en las curvas es una verdadera tragedia y son números que no deberían decirse a la ligera. Más bien, me refiero al hecho de que, si bien el mercado parece no haber estado preparado para esto, si estamos parados sobre siglos de aprendizaje valioso.

Hoy sabemos que quien está detrás de todo es un virus, sabemos qué es un virus y por eso sabemos la solución. En consecuencia, sabemos qué buscar: una vacuna. Sabemos también, que con medidas sencillas podemos hacer frente a esto. Nota importante, la ciencia actual ha hecho frente a la pandemia en tiempos record, como en ningún otro momento en la historia, no iban ni tres meses de desatada la pandemia y ya encontrábamos noticias de que se había aislado el virus, ni 4 y ya se había empezado a secuenciar su genoma. En el caso del virus H1N1 de 1917, por ejemplo, la humanidad tardó mas de 10 años en aislar el virus y se terminó de secuenciar su genoma hasta 2005. También, aunque venimos de un periodo de guerras comerciales que continúan, hoy no hay un entorno de violencia generalizado como en el siglo pasado, o en el antepasado, o en el ante-antepasado o en la edad media, a pesar de todo, la pandemia nos toma en mejores momentos y quizá hoy sabemos algo muy importante, esto, aunque pueda extenderse, pasará.

¿Qué podemos esperar?


Se aproxima la fecha de reapertura ante la premura que nos causa la depresión económica que hemos comenzado a vivir, la preocupación es ¿cómo volver? Creo que los cambios radicales no se aplicarán a la arquitectura que dejamos vacía hace un par de meses, ahí tenemos que ser ingeniosos también por la crisis, los grandes cambios en la morfología de los centros comerciales si es que llegan, llegarán una vez que tengamos más conclusiones de todo esto, quizá la solución hoy pase por medidas de logística díficiles pero sencillas, aislamiento, horarios, sectorizaciones y reutilizar los dispensadores de pared que dejamos de usar cuando se nos olvidó la epidemia de influenza de 2009. 

Pienso, por lo general, que algunos centros comerciales con amplios espacios y ventilación natural, no tendrán tanto problema como aquellos donde el espacio público se redujo en pro de una mal entendida economía. Así mismo, varios formatos comerciales y de entretenimiento tendrán un panorama difícil para adaptarse, sobre todo en el caso de los restaurantes, que ofrecen un tipo de servicio que difícilmente se puede empacar y entregar a domicilio, también está el caso de los cines, puede que la solución sea sólo integrar brigadas de limpieza continua o que se tenga que instalar túneles sanitizantes, vender solo la mitad de boletos o atender sólo a la mitad de los comensales, entonces: ¿se elevarán los precios y se convertirán en productos de lujo o se volverán económicamente inviables?

Sin duda, quizá lo más importante será engrosar la presencia online de distintas marcas, pero lo mismo, ni todos los comercios podrán hacerlo y ni todos los compradores querrán aceptarlo, en especial aquellos que preferimos que siempre exista una tienda, eso es porque queremos vernos en la calle, queremos que nos vean y queremos tomarnos la selfie. Internet es un complemento, no un sustituto. 

Aunado a lo anterior, quizá un rumbo posible y un tanto desafortunado sea el miedo, no a los contagios, sino el miedo al otro, ya sea justificado o no para controlar los sistemas de protección sanitarios, me refiero más bien al miedo a aquella persona que será más golpeada por la crisis, en éste sentido, quizá la peor adaptación pos-Covid-19 será una mayor inversión en sistemas de seguridad y vigilancia, lo mismo que hicieron aquellas personas que hace unos meses compraron armas precisamente por miedo a las posibles revueltas sociales en Estados Unidos.

Vienen tiempos de adaptarnos a la vida con Covid-19 y de esa adaptación es de donde saldrán las conclusiones a las que me refiero han de moldear los espacios del futuro. Lo que si, es que hay que tratar de que esas decisiones estén mayoritariamente apegadas a lo que vaya revelando la ciencia, que a veces puede presentarse contradictoria, pero bueno, quien crea que la ciencia es conocimiento absoluto y unívoco, tiene un pobre concepto o más bien, un concepto muy teológico de la ciencia. La ciencia es conocimiento sistematizado y construido a partir de hechos verificados y verificables, puestos a prueba, revisados y publicados para nuevamente ponerse a prueba, un circulo virtuoso del que se extraen conclusiones cada vez más completas de las que después se puede hacer una mejor planeación.


Juan Antonio es Arquitecto y Maestro en Ciencias del Urbanismo por el Instituto Politécnico Nacional.

Participa desde 2017 en Mac Arquitectos Consultores y actualmente se desempeña como Gerente de Análisis Urbano.






[1] Centros Comerciales con al menos 30 locales, anclados por alguna de estos formatos: autoservicio, departamental, cines. Más información.
[2]  Los Lazaretos eran al mismo tiempo espacios sanitarios, puesto que en ellos se luchaba contra la enfermedad y al mismo tiempo espacios de control, dado que esta lucha se realizaba aplicando una lógica carcelaria. Más información.
[3] Variolización y el advenimiento de la vacuna contra la viruelaMás información.
[4] La teoría miasmática de la enfermedad o solamente teoría miasmática fue una teoría que proponía que el conjunto de emanaciones fétidas de suelos y aguas impuras, eran la causa de enfermedad. Actualmente se considera obsoleta, gracias al conocimiento de la Teoría microbiana de la enfermedadMás información.

Comentarios

  1. Juan Antonio nos da una clara visión del contexto actual y lo que puede esperarse del futuro inmediato de los Centros Comerciales, enfrentando un reinicio de operaciones que estará lleno de aprendizajes, innovaciones y creatividad. ¡Excelente!

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